Dandy remixed & curated

Un encuentro entre dandys ha de ser eventual y oficioso. Un congreso de dandys sería un fracaso automático: nadie asistiría. Porque el dandy no es citado, aparece. A su manera. Si bien los primeros dandys, allá por el siglo XIX, se reunían asiduamente en los clubs de alta sociedad, lo hacían en un salón aparte: dentro de un sistema de reglas, fuera de él.

Un dandy niega lo impuesto. Se sitúa sobre la frontera ambigua que define lo central y lo periférico. Traza una continuidad entre la norma ética y la estética. Sugiere por encima de lo evidente. Actúa con tacto. Seduce sin pretenderlo. Un provocador que conoce las buenas maneras. Un sarcástico irreverente. Un rebelde refinado.

Dandys clásicos: Baudelaire, Oscar Wilde, Arthur Cravan, Beau Brummell, Tamara de Lempicka, la Marquesa Casati, Andy Warhol. En Argentina, el viajero Lucio Mansilla; en España, el periodista y vividor Julio Camba.

Camba, en la habitación del Hotel Palace de Madrid donde fijó su residencia en 1949.

Después de la democratización, del estado de bienestar, de mayo del 68, de la sociedad de consumo, de la globalización, de la obsesión por la transparencia, por revelarlo todo, ¿qué queda del dandy? Fragmentos, signos desperdigados.

I. Un simulacro nostálgico. En eso consistió el encuentro Dandys por dos días, coordinado por el CCEBA de Buenos Aires. A propuesta de la investigadora española Gloria G. Durán -que escribió una tesis de 700 páginas sobre el tema-, cada uno de los presentes puso su cuerpo al servicio de un alter ego en el que proyectar la visión propia de la figura del dandy. No quedó claro si fue un seminario práctico o un taller teórico o una sesión de terapia encubierta: porque sobre aquel dandy para la ocasión confluyeron, en mayor o menor medida, conflictos, vanidades, deseos y frustraciones.

Así cobró vida el flaneur Monsieur G, que viaja, mira como un cronista y dibuja. El bon-vivant de bodega Jacques Santiago y el bon-vivant de existencia accidentada Sergei Galarovich. Un galán barroco en Dantón García Cheesman. Un derroche de extravagancia tropical a cargo de Renée Lumiers. La mujer de la cabeza enjaulada: Paloma Fierro. Un dandy de película encarnado en Raimundo Woolf, un Valentino tanguero de abolengo franchute, el caudillo de los desarrapados Dumx de Son, Sasha la reflexiva, el hijo atormentado de Ziggy Stardust… un baile a ritmo de revival: un ejercicio de retromanía sobre la figura del dandy.

Ilustración de Señorita Yoya

II. Pastiches contemporáneos del dandy. O su identidad desmembrada en otras figuras: en el rockero inadaptado o en la desobediencia civil. En la estrella pop más allá del bien y del mal. En el hipster que cuida su apariencia hasta la pose, en un look de moda, en fútiles manuales de comportamiento.

El filósofo argentino Luis Diego Fernández, quien también participó en el encuentro en el CCEBA, advierte chispazos del dandy en ciertas micropolíticas de la libertad. En su libro Los nuevos rebeldes traza una línea que atraviesa el movimiento 15M, Occupy Wall Street, las protestas estudiantiles en Chile, las masas críticas de ciclistas, Sasha Grey, lady Gaga, el nuevo hedonismo… expresiones de la rebeldía donde la utópico regresa al terreno de la práctica cotidiana (vieja máxima anarquista).

Albert Camus trató de ilustrar al dandy en su ensayo El hombre rebelde: “no puede oponerse sino al creador. Necesita a Dios, con quien mantiene una especie de fosca coquetería”. Permeable o imprecisa, la definición también funciona para el cacerolero argentino que protesta contra un sistema corrupto e ineficaz pero se deja cooptar por la ilusión en torno al líder; o para el indignado español que clama ante el poder político por lo que ha perdido (o por lo que ya no puede comprar) pero que no sabe organizarse para construir una alternativa.

Cédric Villani

III. Finalmente, nobles rastros del dandy. Klaus Kinski por vivir al borde del personaje. Michi Panero, por dilentante. Carmen Maura y Leila Guerriero por ser grandes mujeres más allá del rol femenino. Morrissey por su coherencia ética y estética. Algunos artistas transgénero. Alberto Laiseca, un claro caso de antidandy ensoñado. El matemático francés Cédric Villani, un Descartes pop que podría batirse en duelo con Sheldon en la serie Big Bang Theory. Iggy Pop, Lou Reed, Marc Bolan, David Bowie, por supuesto.

Entonces, dandy, ¿dónde? Quizá sólo quede el recuerdo de su sombra. Que aparece, vaporosa, en momentos fugaces: como en esa persona cuya elegancia no emana de un traje en particular, sino del espíritu distinguido que se incorpora a sus gestos, a la vestimenta, y hace creer al observador que lo auténtico existe.

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Acerca de miguelamen

Gashego no gallego.

  1. Tereso

    Así me gusta, doctor

  2. graciela

    Gracias Miguel por compartir tu trabajo , muy bueno !!!Bravo Gashego!!!Un abrazo Valentino Baisez!!

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